MATERIA: Derecho Financiero, Derecho Civil, Impuestos, Prevención al Lavado de Dinero.

En creciente incertidumbre sobre la situación económica de Bolivia, muchos se preguntan si invertir en criptomonedas puede ser un eventual refugio para sus ahorros e inversiones. Los entusiastas de la tecnología y los jóvenes ya están involucrados activamente en estos mercados. Cabe aclarar que las complicaciones legales más significativas se presentan a tiempo de desinvertir.

Qué son las criptomonedas.

Las criptomonedas no son monedas o dinero de curso legal, que hayan sido autorizadas para su circulación por alguna entidad estatal. Al contrario, ninguna autoridad estatal está involucrada en su creación y circulación, una particularidad que muchos de sus fanáticos consideran muy atractiva.

Al no ser monedas de curso legal, desde un punto de vista jurídico, las criptomonedas son objetos, cosas o bienes intercambiables, muy similares al oro o los diamantes: son escasas, su cotización varía en un mercado especulativo, algunos se atreven a invertir en ellas sin tener exacto conocimiento de su valor o de su origen y, no menos importante, deshacerse de ellas puede aparejar complicaciones.

Actualmente existen muchos tipos de criptomonedas. Las más conocidas son las Bitcoins, pero existen muchas otras, como las Litecoin, Ethereum, Bitcoin Cash, Ripple y Dogecoin. La mayor parte de las criptomonedas tienen cotizaciones fluctuantes de forma especulativa, pero también existen criptomonedas cuya cotización está ligada a otros bienes y monedas, de forma que sean menos oscilantes en su valor.

Existe cierta resistencia a las criptomonedas, quizás porque resultan incomprensibles, pueden representar una amenaza para el sistema monetario y tratan de escapar a las formalidades del sector financiero. Sus defensores proclaman que el papel moneda también es sólo una ficción. Para ellos, es cuestión de poco tiempo para que las criptomonedas sean asimismo aceptables y, posiblemente, puedan reemplazar a las monedas tradicionales con una serie de ventajas.

Cómo son producidas las criptomonedas.

Cada comunidad de tenedores de criptomonedas tiene sus propias reglas. Para fines de este análisis, nos vamos a concentrar en las Bitcoins, que son las más difundidas.

Las Bitcoins aparecieron en 2009 y su creación es atribuida a una persona con el seudónimo de Satoshi Nakamoto, cuya verdadera identidad permanece desconocida.

En la jerga usual, las Bitcoins son “minadas”, es decir producidas por “mineros” que, mediante el uso de computadoras cada vez más sofisticadas y entrelazadas, compiten por descifrar complicados rompecabezas. El minero que descifra primero el rompecabezas, se adjudica una cantidad de Bitcoins.

En función de este origen, se puede decir que una Bitcoin no es más que un número bastante grande, que es la respuesta a un rompecabezas o, si prefieren, son simplemente un objeto raro (como son los diamantes).

El proceso de minar Bitcoins es cada vez más complicado y se supone que su número está limitado a unos 21 millones, de forma que no existe riesgo de una producción masiva que cause una devaluación.

Una de las principales críticas a las Bitcoins es que su producción consume una gran cantidad de electricidad. Se dice que la producción actual de Bitcoins consume anualmente la misma cantidad de electricidad que un país del tamaño de Suecia. Los mineros de Bitcoins establecen sus complejos de computadoras en zonas industriales abandonadas que son excedentarias en generación de electricidad, en zonas frías como Siberia, países con subsidios como Irán y Venezuela. China era un país elegible por los mineros de Bitcoins, pero recientemente las autoridades chinas están desincentivando esta actividad.

El mercado de las Bitcoins y el uso de “blockchain” (o cadenas de bloques de información).

Las Bitcoins y sus fracciones, llamadas “satoshis”, pueden ser compradas y vendidas a cambio de moneda tradicional, o intercambiadas electrónicamente a través de la internet, utilizando un software apropiado. La confianza de los actores de estos mercados reposa en una cadena de bloques de información o “blockchain”, que viene aparejada a cada Bitcoin y que “explica” su origen, así como las sucesivas transacciones realizadas con esta criptomoneda.

Cabe agregar que los blockchain tienen vida propia y múltiples usos al margen de las criptomonedas. Por ejemplo, una oficina de registro de derechos reales o una notaría, podrían ser sustituidas en el próximo futuro por un blockchain, bajo la perspectiva de que son menos corruptibles que cualquier otro mecanismo de registro y que su consulta es inmediata y muy precisa.

Invertir en criptomonedas.

El mercado de criptomonedas tiene intermediarios, como cualquier otro mercado. Estos intermediarios les facilitan “billeteras” o “monederos” a los inversores para que puedan adquirir y conservar sus criptomonedas, pero además les permiten adquirir bienes y hacer circular sus criptomonedas.

Las Bitcoins no empezaron como objetos de amplia circulación, sino como mecanismos de inversión de mediano plazo. En ese sentido, quienes buscaban Bitcoins querían poner su dinero en un mercado con buenas perspectivas. Sin embargo, conforme se hace cada vez más común el uso de criptomonedas, sus usos y circulación van creciendo y acelerándose.

Un buen ejemplo es Argentina: la inflación, la dificultad de obtener dólares para ahorrar, los impuestos, el temor a las medidas gubernamentales expropiatorias y, en general, el descrédito de muchos actores de la economía, han provocado el surgimiento de gran cantidad de tenedores de criptomonedas y de una serie de intermediarios, inclusive especializados para ciertos mercados.

Si antes las criptomonedas podían ser activos de refugio, ahora tienden a desplazar a las monedas tradicionales. Desde el punto de vista del actor económico egoísta, las ventajas que alegan parecen obvias: no aplican impuestos, no aplican comisiones, no existen formalidades engorrosas.

Lamentablemente, las criptomonedas son utilizadas también en mercados negros y en intercambios fraudulentos: compra de drogas y pornografía por internet, pago de rescates y sobornos, lavado de dinero. Este lado oscuro es muy preocupante y puede terminar con el uso de criptomonedas.

Las criptomonedas no son monedas ni monedas virtuales.

Uno de los fundamentos del sistema financiero actual consiste en que las monedas son emitidas por los Estados, usualmente a través de sus bancos centrales. Las monedas tienen la garantía de entidades soberanas. Si bien antiguamente las monedas tenían respaldo en oro físico depositado en bóvedas de los bancos centrales, actualmente las principales monedas podrían no tener ese mismo respaldo, pero gozan de amplia credibilidad. Las monedas “duras” como el dólar norteamericano o los euros, son preferidas por los ahorristas, aunque los mercados de monedas tienen fama de ser tremendamente especulativos.

Uno podría pensar que es preferible confiar en los sistemas financieros ya establecidos y conservar sus ahorros en dólares. No cabe duda que otros piensan que el establishment está en decadencia y que no es necesario atarse a lo convencional. Este es un tema de preferencias.

Como quiera que sea, los Estados modernos saben que deben ser competitivos con las criptomonedas y están estudiando o probando monedas virtuales. China ya está haciendo pruebas masivas con el e-yuan, mientras que la reserva federal de los Estados Unidos ha declarado que prefiere “hacer bien antes que hacer rápido”, en referencia a las dificultades y riesgos de circulación de las monedas virtuales. Al respecto, uno de los principales temores consiste en una fuga masiva de los ahorristas hacia las monedas virtuales.

A diferencia de las criptomonedas, las monedas virtuales están siendo ampliamente recomendadas, inclusive por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, que recientemente han abogado por el lanzamiento de monedas digitales con respaldo de los bancos centrales.

Qué pasa en una transacción con criptomonedas desde el punto de vista civil e impositivo.

Si una persona procede a comprar un bien, digamos un inmueble o vehículo, con criptomonedas, la transacción no es una compraventa desde el punto de vista del derecho civil, sino más bien una permuta o trueque, en la que existe intercambio de cosas, no la entrega de un bien a cambio de dinero.

El pago de una deuda en criptomonedas será un pago con prestación diversa a la debida, en la que el acreedor está dispuesto a recibir un bien en lugar de moneda de curso legal.

La mayor parte de las transacciones actuales están gravadas con impuestos, cuya base de cálculo es el precio o prestación en dinero. Cuando no existe dinero de por medio, como es el caso de la permuta o trueque, se considerará la operación como una “doble venta” y el impuesto a las transacciones aplicará a cada una de las partes involucradas (ya sea el impuesto nacional, conforme indica el Art. 3 del Decreto Supremo No. 21532, Reglamento al Impuesto a las Transacciones, o el impuesto subnacional según la normativa de cada municipio).

Si por usar criptomonedas en una transacción alguien piensa que no está sujeto a impuestos, es precisamente, al contrario: la contingencia impositiva es mayor.

Sucede entonces que quien haya invertido en criptomonedas y después piense utilizarlas para adquirir bienes o servicios, probablemente incurra en algún incumplimiento impositivo.

Es más, el mercado especulativo de las criptomonedas puede llevar a ganancias e incrementos patrimoniales, que estarán sujetos al pago de impuestos a las utilidades, a la renta o al patrimonio, dependiendo de la jurisdicción que aplique y de la naturaleza del sujeto pasivo del impuesto. Si el incremento es patrimonial, computa a efectos del Impuesto a las Grandes Fortunas – IGF (Art. 2, parágrafo III de la Ley No. 1357 de 28 de diciembre de 2020).

El Banco Central de Bolivia emitió prohibiciones específicas en la materia.

Desde 2014 y mediante Resolución de Directorio No. 044/2014, el Banco Central de Bolivia (BCB) determinó: “prohibir el uso de monedas no emitidas o reguladas por estados, países o zonas económicas y de órdenes de pago electrónicas y denominaciones monetarias no autorizadas por el BCB en el ámbito del sistema de pagos nacional”.

Más recientemente, la Resolución de Directorio No. 144/2020 de fecha 15 de diciembre de 2020 del BCB contiene varias disposiciones sobre esta materia. En principio, define a los criptoactivos como “las unidades digitales que reúnen sin excepción las siguientes características: son emitidas por agentes privados, de forma electrónica, con accesibilidad universal, la transferencia se realiza mediante un mecanismo descentralizado, y no están vinculados a la operativa de Instrumentos Electrónicos de Pago autorizados por el BCB”.

Es relevante que el BCB considera que “los riesgos del uso de Bitcoin podrían materializarse en pérdidas para los agentes económicos, daños sobre la percepción del público con relación a los instrumentos electrónicos de pago que están regulados y podría servir como medio para la legitimación de ganancias ilícitas”.

Con estos y otros antecedentes muy ilustrativos en la materia, el BCB:

(i) Prohíbe a las entidades financieras el uso, comercialización y negociación de criptoactivos en el sistema de pagos nacional por no constituirse éstos en moneda de curso legal en el país.
(ii) Prohíbe a las entidades financieras procesar órdenes de pago por concepto de operaciones de compraventa de criptoactivos.
(iii) Prohíbe asociar o vincular Instrumentos Electrónicos de Pago (tales como tarjetas de crédito y débito, órdenes electrónicas de transferencia de fondos) autorizados por el BCB a criptoactivos.
(iv) Prohíbe el uso de Instrumentos Electrónicos de Pago (tales como tarjetas de crédito y débito, órdenes electrónicas de transferencia de fondos) autorizados por el BCB para efectuar operaciones de compraventa de criptoactivos a través de canales electrónicos de pago.

Si bien estas restricciones no constituyen una prohibición general a las transacciones con criptomonedas entre personas no reguladas en el sector financiero, sí tienen el efecto de establecer limitaciones legales y prácticas muy importantes.

La Unidad de Investigaciones Financieras (UIF) tiene una posición institucional en la materia.

La UIF, que está encargada de la lucha contra el lavado de dinero, tiene una posición institucional, que fue referida por el BCB como uno de los principales antecedentes de su reciente Resolución de Directorio: “el país debe contar con una regulación adecuada sobre los activos virtuales, no únicamente por cumplir las exigencias de los estándares internacionales, sino también por los riesgos latentes a los que se enfrenta el país y el mundo, toda vez que estos activos virtuales pueden ser canjeados por dinero en efectivo o por otras monedas virtuales y ser utilizadas para legitimar ganancias ilícitas, debido a sus características de anonimato y falta de un órgano central de control donde la fuente es de difícil identificación”.

Desinvertir en criptomonedas.

Invertir en criptomonedas puede parecer divertido para algunos. Más allá del entusiasmo inicial, desinvertir es más bien complicado, por los efectos impositivos que tiene y porque puede ser entendido como operaciones de legitimación de ganancias ilícitas (lavado de dinero). El hecho simple es que una transacción de intercambio de criptomonedas con activos tangibles es difícil de rastrear y de justificar, generando susceptibilidad sobre su legitimidad.

En consecuencia, antes de invertir en criptomonedas, es necesario cuestionarse sobre los riesgos de desinvertir en ellas.

La Paz, 21 de julio de 2021.

 

Autor: José A. Criales
Socio de Criales & Urcullo

 

Este es un artículo de difusión jurídica, que no tiene la intención de dar consejo legal.